Esposa mía, cuanto agradezco al Señor tu sagrado ósculo, tu mirar atento y tu hacer amoroso.
Contigo he aprendido a mirar con humildad la forma, a sabiendas de que el corazón guarda la real belleza.
A tu llegada comencé a ser Hombre; a vivir la dicha y el pesar de aquel que abandona el Jazmín de la infancia por la Rosa de la madurez.
En tus defectos comprendí la virtud del Amor y en tus virtudes la inspiración de Vivir.
Contigo renazco a la Vita Nova.
Por: G Arturo Silva R


Más historias
EL AMOR Y LA HIGIENE EN LOS AÑOS 1600 Y 1700
ENTRE LA PRISA Y EL TIEMPO
VISITA EL MUSEO DEL EJÉRCITO Y FUERZA AÉREA MEXICANOS EN PUEBLA