Como ligero y tierno viento acaricia mi cuerpo, lo tocas todo.
Más la calma solo precede a mí quietud.
Todo el tiempo hay movimiento, mil tareas y pensamientos, emociones y actos….
Agitación que inunda el corazón, obstrucción de la dicha.
Cuando freno un segundo y empiezo a sentir la suave brisa y su paz, la dejo correr en mi.

Todo para, se relaja, el cuerpo se aligera y la ventisca me eleva.
Con ojos cerrados, tomando alas, me dejó llevar a grandes vientos de paz.
Todo cambia, la tristeza, el sufrimiento ya no hieren mi sentí y cuando más vuelo a mi interior, más paz y dicha llega a mi día a día.
O dulce brisa matutina en meditación, que alimenta el alma.
Dicha a mi espíritu.
Por: Moksha Figueroa


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