Es para todos bien sabido que en la vida todo se logra con trabajo duro, esfuerzo, sacrificio y salud.
Pero qué pasa cuando está última no la tenemos del todo excelente si no que nos merma la existencia para vivirla con plenitud.
Así es la historia de Paul Alexander, un hombre sumamente especial con tantas ganas de vivir y ser alguien en la vida que ni una enfermedad que lo ha seguido en el transcurso de 70 años lo ha podido derrotar en su deseo de seguir con vida.

Desde chico Paul soñaba jugaba, cantaba, corría y era alguien normal, hasta que a la tierna edad de 6 años sintió que le faltaba el aire, no podía moverse perdiendo la conciencia, y sin pensarlo dos veces sus padres lo llevaron al hospital de su ciudad en Dallas Texas para descubrir una rara enfermedad adquirida por un terrible virus, poliomielitis.
No bien la noticia era devastadora en 1952 la familia del pequeño logro a base de fortaleza y ganas de que el niño siguiera en la vida, conseguir un aparato que encapsulaba a las personas con esta enfermedad y lograba hacer que el cuerpo se oxigenar a base de bombear el interior de este cilindro industrial y poco atractivo a la vista.
Pero la máquina y su función era vital y necesaria para que no muriera el paciente por falta de aire y oxígeno en el organismo.
A un extremo de este cilindro salía la cabeza del paciente, al otro extremo el motor eléctrico que hacía la magia y la función vital.

Fue un verdadero milagro ya que el pequeño Paul por un tiempo y con la ayuda de la Señora Sullivan quien era terapeuta, enseño a Paul una técnica para lograr mantener la respiración por 3 min. Con la promesa de que si lo lograba le regalaría un perrito que pasó 8 años con Paul.
Paul lograba tener lapsos en los que podía salir de este «Pulmón de Hierro» y llevar una vida «normal» por tiempos cortos pero valiosos, hasta que llegaba el momento de regresar a la máquina que lo mantenía con vida.
Había que llevar la cápsula a casa y sus 300 Kg de peso eran algo que sin duda estaría con la familia ya de por vida.

Era aterrador cuando la máquina dejaba de sonar ya que esto significaba que no había luz y el bombeo, entonces, tenía que hacerse manualmente y sin parar, esto llevo a la familia al extremo de pedirle a amigos y vecinos ayuda para tomar turnos y que esté pulmón no dejará de trabajar.
Con el paso del tiempo Paul se vio más motivado y lograba salir más tiempo del «Pulmón».
Paul nunca se dio por vencido y gracias a sus ganas de no caer en depresión y también a las personas que lo ayudaron siempre, logro forjarse metas que alcanzo y que son dignas de admiración.
Por una parte, su madre que hizo lo posible para que su hijo no perdiera clases y logrará llevar su educación a distancia (nada usual en esa época).

Su padre quien ideo una especie de pluma para que Paul con ayuda de su boca logrará escribir y dibujar.
Con el tiempo el chico creció y su espíritu de superación lo llevo a graduarse y a estudiar para ser un gran abogado, ganando su primer caso.
Esto no lo logro solo, con ayuda de alguien podía salir de la máquina para regresar todas las noches a ella.
Por el día y por unas cuantas horas salía, estudiaba, se divertía y hasta conoció el mar.
Se enamoró, sí, pero la madre de su novia y prometida impidió el avance de la relación y Paul no se opuso ya que su amor por la chica hizo que la dejara ir para que viviera con una pareja con mejor salud.

La máquina tuvo una falla en el 2015 y fugaba aire ya que el sello se había deteriorado por el paso del tiempo, recordemos que ya eran casi 70 años de funcionar sin parar, un mecánico tomo la responsabilidad y logro solucionar el problema y la máquina siguió su función.
Los datos hasta el 2020 son que el señor Paul Alexander sobrevivió y su familia incluso un hermano, él es la persona viviendo con el «Pulmón de Hierro» hasta esa fecha.
Es por eso que la gente que admira este tipo de máquinas y que considera coleccionarlas como una forma de darle tributo a ellas, sus inventores y a las personas que las usaron, son unos verdaderos «jefes» en el coleccionismo.
ATTE
El Rucochavo
De Colecciotitlan
P.D. una anécdota del Sr. Alexander es que los primeros momentos en el «Pulmón de Hierro» oyó a dos enfermeras platicando sobre él y diciendo:
– Este se va a morir hoy.
Y esas palabras hicieron que el pequeño Paul quisiera vivir más aún.



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