Sorpresa en sus ojos con muestra de miedo.
Así paralizado te encontré, dos extraños uno frente a otro.
No sabía que compás de palabras sonar, así también sentí en mi un silencio.
Pero tenía que hacer sonar mi voz, tenía que ser suave como bálsamo al corazón.
Oh pequeño tus ojos seguían mirándome callado, petrificado, atemorizado.
Te había descubierto.
Caminamos juntos, comentaste a hablar…
Respuestas cortas, pero a hablar.
He allí donde por algún rincón diminuto Dios entro. Porque confiaste.
La noche transcurre, todo se mueve a buen ritmo.
Y tú corazón se vuelve más ligero y calmo.
Haz encontrado a los tuyos.
Tu abrazo de despedida ha sido mi mayor regalo.
Y desde hoy, esperaré tus ojos ya sin miedo, con los brazos abiertos.
Dios es Grande.
Por Moksha Figueroa


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