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—REVISTA DIGITAL—

NO PERMITAS QUE LAS PALABRAS TE APRISIONEN

Parte 1: Cómo funcionan las palabras (Lingüística)

En esta revista tengo varios proyectos en marcha: preguntas y experiencias sobre la música, entrevistas, cartas y conversaciones acerca de lo que por ahora llamo “budismo personalizado”. Puede sorprenderte, pero todo está conectado.

En esta serie de 3 partes vamos a hablar sobre el lenguaje o, mejor dicho, la lengua. Es gracioso que use palabras para dinamitar y disolver las palabras, pero por algo se empieza. De esta manera, de entrada, declaro mi intención: ayudarte a torcer, doblar, dinamitar, derrumbar, destruir, diluir y deshacerte de los discursos, las ideologías, la opinión pública, las palabras, la lengua, ¡sí!

En parte parece que estudié lingüística y literatura para terminar de indigestarme de las palabras, pero también para darme cuenta de esto y de que es el caso de mucha gente y de nuestra cultura en general; por favor, lee las tres partes de esta serie para saber a qué me refiero cuando digo “indigestión de palabras”. Pero para este diálogo primero defino algunos términos clave:

  • Lenguaje y lengua: Un lenguaje es un sistema comunicativo en general, sean los vuelos codificados de las abejas, los sonidos de los animales, la gesticulación, los lenguajes de señas, las imágenes, los carteles, el sistema binario, los comandos y códigos de programación, los códigos de vestimenta o las lenguas. Las lenguas, por su lado, son el lenguaje humano más complejo hasta ahora, es decir, son las palabras y los sistemas y estructuras que construyen y de los que forman parte: el español, el inglés, el zapoteco, el náhuatl, etc.
  • Discurso: En esta acepción me refiero a las ideologías. Piensa en aquello que “creen” tantos grupos, sociedades, culturas y personas, sus opiniones, las ideas particulares que defienden, como por ejemplo: el discurso moderno capitalista del “éxito”, consistente en la producción, la acumulación, la competencia, la imagen y el estatus (la explotación, en pocas palabras), el feminismo, el machismo, el anarquismo, las corrientes filosóficas, el discurso de género y las identidades sexuales, el fascismo, las religiones, las morales, el transhumanismo, la ciencia, la llamada “opinión pública”, etc.
  • Poesía y humor: Esta es la capacidad que tenemos, por supuesto, de llevar al límite la lengua y sus palabras, jugando a la vez tanto con todos sus significados posibles e “imposibles” (nótense las comillas) como con la noble acción de usar “mal” la lengua, las palabras y el significado a propósito, conscientemente, sacándolas de contexto, creando estructuras raras o “incorrectas”, inventando palabras nuevas incluso, para desencadenar lo inesperado. De esta manera vivificamos y renovamos el sentido y el sinsentido, doblando, torciendo, derrumbando y disolviendo las palabras. Checa este verso y este chiste, por ejemplo: “la guerra está a un beso de distancia, el amor a un apocalipsis” y “me caga tapar el baño”. ¿Tienen sentido? No y sí,

¿verdad? La lengua es un instrumento completamente maleable y soluble.

Ahora, qué te planteo: aliviánate maestro/a, no les creas a las palabras ni a sus discursos implícitos, no son la realidad, a lo mucho pueden ser herramientas o instrumentos que ocupamos para ubicar y recordar las cosas, para pedir y ofrecer, para construir ideas y compartir conceptos y emociones, para interactuar, pero nunca hay que “olvidar” que ni son la realidad ni son absolutas ni inmodificables. Dicho de otra manera, ninguna palabra, frase o significado te puede delimitar o definir, por lo que es absurdo permitir que ideas, construcciones lingüísticas, creencias, discursos, llámalos como gustes, le pongan límites a tus experiencias y acciones. Para ayudarte a vivir esto plenamente puede ser de ayuda entender cómo funciona la lengua y cómo se puede relacionar con la mente, el cerebro y el cuerpo en general.

Las palabras funcionan por asociación -como todo y todos, ¿no?-, es decir, el significado de una palabra requiere que la asociemos con un objeto, imagen, situación, emoción, experiencia y, especialmente, con otras palabras, es decir, no es algo natural sino arbitrario y sistemático. Esto quiere decir que la relación de las palabras, frases y discursos con las cosas es inventada por la gente que los dice, no es una relación “natural”, y que cada palabra se relaciona con las demás para existir. Estos sonidos y formas que emitimos y escribimos son algo totalmente artificial, mira: en español decimos “quiero agua”, pero en inglés es “I want water”, en zapoteco “dane náa nizá’”, en francés “je veux de l’eau”, en ruso “я хочу воды”, en coreano “나는 물을 원한다”, etc. Asimismo, ¿cómo define un diccionario una palabra? Utilizando otras palabras que describen su significado, señalando su clasificación gramatical (su forma y función) y poniendo como ejemplo frases en las que dicha palabra es implementada, así:

“epígono

nombre masculino

Persona que sigue las tendencias artísticas, filosóficas o científicas de un maestro, escuela o generación anterior.

“los epígonos de Ortega y Gasset””

Como ves, una palabra no existe por sí sola, se relaciona y depende de las demás para existir.

Pongamos la palabra “silla”. A falta de una silla cerca que podamos señalar con el dedo o para definir con claridad qué clase de objeto lo es y cuál no lo es, describimos su significado con otras palabras, además, la palabra funciona y su significado se complementa dentro de una frase (“pásame la silla roja que me regaló tu mamá”) y, porque forma parte de todo un sistema, esta palabra y su significado evocan y se conectan con otras palabras y significados:

A esto hoy se le suele llamar “mapa mental”, sobre todo en las escuelas, aunque su nombre científico es “mapa semántico”, o sea, es un mapa del significado (la semántica es el estudio del significado) que muestra cómo una palabra despliega o activa un modelo tridimensional de asociaciones con otras palabras y significados, por lógica primero, aunque de inmediato entran el dictado de la sociedad, los diferentes usos que se le dan a la palabra y también la experiencia y la manera personal de pensar y de sentir.

En este punto ya quedan claras dos cosas: las palabras no están relacionadas “naturalmente” con lo que intentan nombrar sino que se trata de una asociación arbitraria dictada por un grupo de personas, y las palabras tienen sentido y funcionan dentro de un sistema (la lengua, las demás palabras, sus funciones y sus significados) y de estructuras (frases, diálogos, discursos), lo cual implica que forman parte de mapas de significado, es decir, que despliegan automáticamente asociaciones en todos los sentidos cada vez que son dichas -por esto son tan comunes los “malentendidos”, la incomprensión mutua y la necesidad de aclarar lo que se dice-.

Ahora es momento de hablar del efecto que tienen en la mente y el cuerpo cuando no se ejerce la consciencia de que las palabras son algo artificial, relativo y, por lo tanto, no son la realidad, en cambio suelen nombrar sólo creencias y puntos de vista (aunque pueden llegar a ser utilizadas como instrumento por la consciencia si son usadas adecuadamente; conscientemente, en poco tiempo prescindimos ya de las palabras). Pero esto, que es la sección asignada a las neurociencias dentro de esta trilogía, forma parte de la segunda entrega, así que te espero aquí la próxima semana, con toda la intención de que esto te sea de servicio, utilidad y, sobre todo, felicidad auténtica.

¡Gracias y nos vemos de nuevo en unos días!

Por: Juan Mendoza