Tengo ganas de amar me lo pide el corazón ferozmente. Tengo ganas de amar; de amar con frenesí. Tengo ganas de amar pero no hasta quedarme vacía y fría. Tengo ganas de amar pero me invade el miedo. Tengo ganas de amar de esperarte sedienta y beber del mismo fluir continuo. Tengo ganas de amar pero mi corazón está ocupado. Tengo ganas de amar pero tu recuerdo me detiene. Tengo ganas de amar pero me siento vulnerable. Tengo ganas de entregar todo este amor que se me desborda pero a mis adentros y no al apego. Tengo ganas de amar y me siento cansada y desesperada por no saber esperar. Tengo ganas de amar y quisiera obligar al corazón a sentir algo más que este ardor. Tengo ganas de amar.
Dime cómo te despojo de este corazón quebrado ya hace años.

Poema en homenaje a Ana Mendez amiga desaparecida en enero 2023
¿Cómo hago para calmar el hambre?
Saciar el hambre es una necesidad fisiológica; una necesidad orgánica que cesa con el alimento.
¿Qué hago con esta hambre?
Hambre de justicia, hambre de escupirlo todo, de gritar las verdades que tantos cobardes temieron,
Información que muchos omitieron.
¡Te busqué!
Y te busco…
En cada imagen, entre escritos en la piel de cuerpos extraños,
dónde estás,
Adónde te fuiste.
Extraño tu voz tan amorosa y rabiosa a la vez, dónde estás
Ana, dónde estás.

Carta al amado
Imposible pensar en ocasiones que todo lo forman a uno.
Podría girar de forma radical hacia «el gran lugar», luego apareces tú con tu insolencia y tu coqueteo, con tus sonidos que me empujan hacia el abismo, con tu sed que me mantiene viva; con mis dedos recorriendo los laberintos de tus deseos humectando mis sueños con tu cariño enrabiado complaciendo una parte más de tu historia.
Entrelazando nuestros labios como un trato a pagar.
Y ahí desnudo me invitas a pasar a lo que podría ser el comienzo de mi final.
Sin más me incitas a prender el fuego que en mi interior ansioso busca a su paso todo calcinar; después de tan feroz batalla me muestras tu fragilidad, esa que a quien fuera derrumba al mirar tus ojos e intentar descifrar, con la ternura de un ángel que de ti empieza a brotar me arrodillo y vuelvo a perder mi voluntad; provocas un enorme flujo palpitante en mi corazón cuando con tus palabras me tratas de sanar y entercada de no querer cambiar se provoca un caos que ni los mil diablos han deseado captar.
Solo son juegos del deseo, son estrategias del más al menos
siguiendo lo que los demás van repitiendo, un vacile que en cualquier momento puede terminar si tus apetitos no se llegan a saciar, una balanza del ego o un sacrificio de la felicidad.
Quizás una gran niebla entre los dos se encuentre el tropiezo, es la advertencia, el poder nos ciega junto con el tiempo, nos devora y nos obliga a las decisiones que matan, esas que espinan el alma y se vuelven adicción al maldito dolor. Me incapacitan a volver a creer, me arrastran por la línea de la continuidad como una presa más
que ya a la soledad acostumbrada va.
Eres un riesgo, uno muy grande, creo lo vales, ahora entiendo por qué aun con todos los miedos apuesto a esto, al sueño de compartir mis alegrías y mezclarlas con las tuyas, de hallar un refugio entre tus piernas, de curarme por tus labios, de entenderme en tus palabras, de danzar con tu espíritu y fundirme en todo ello.
Por: L. A González



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