1 Introducción
No voy a hablar de religión.
Al menos no en el sentido que le solemos dar a la palabra en la sociedad en que vivimos, no de la forma en que se practica la religión como la mayoría la conoce.
Voy a hablar de algo real, íntimo y a la vez compartido por todos, sólo hay que detenerse un poco, respirar, dejar de pensar y abrazar(nos) y dejar ir porque nada se va realmente. Sólo hay que ser. Con esto quiero dejar en claro que las palabras son meros instrumentos que para nada pueden suplir la realidad, apenas si pueden referirse a un comienzo, pero por algo se empieza -no es necesario decir estas cosas, pero hacerlo puede ayudar mucho-.
El budismo que comparto aquí no es un dogma -ideas y rituales impuestos-, es en cambio una práctica, un camino, por eso muchos prefieren decir que no es una religión, sino una filosofía, una psicología o una forma de vida -aunque estas palabras se quedan cortas, muy cortas-. Se trata no de un conocimiento, sino de vivir, de vivir felices, así de simple. Para lograr esto, en lugar de decirte qué hacer, el budismo te proporciona algunas herramientas y prácticas que te permiten deshacer la ilusión de la aflicción y ser feliz auténticamente; el uso, la práctica de estos recursos es tu responsabilidad, aunque nunca estás solo.
Vayamos directamente a estos recursos.
2 La realidad es la felicidad auténtica

¿Has escuchado o leído la palabra “despertar” asociada al budismo? Pues es por algo.
¿Qué es lo que buscamos todos los seres? Cuando se come, bebe, duerme, estudia, habla con otras personas, se busca pareja, se tiene sexo, se va a fiestas, se baila, se trabaja, se reflexiona, amamos, se acumulan dinero y cosas, se construye una casa, se lucha, se compite, se reproduce, se hace y goza el arte, etc., etc., etc., ¿qué se busca? Sentirse bien, realizarse, ¿no? Se busca ser feliz y no padecer. Todos los seres buscamos lo mismo, aunque los caminos parezcan tan diferentes, aun cuando alguien llegue a cometer actos destructivos y tristes, como tener una adicción o asesinar, la búsqueda es alguna clase de satisfacción o bienestar. En realidad, en realidad, lo que realmente todos buscan es la felicidad auténtica.
Si lo que todos los seres buscan es no sólo la satisfacción inmediata, sino la felicidad -piénsese en la interminable lista de utopías que la humanidad ha creado, desde el paraíso hasta los Estados “perfectos”, pasando por los interminables finales felices de las historias-, entonces todos tenemos un terreno en común, una realidad común: esta búsqueda y, más aun, esta experiencia, la felicidad. Partiendo de este terreno común que une a todos los seres, animales, humanos, plantas, todos los seres, podemos decir que es la única constante, la única permanente: se busca la felicidad, se ama la felicidad, la felicidad es la realidad.
Todo lo demás es una ilusión, el sufrimiento o la aflicción es la ilusión y despertar consiste en deshacer esa ilusión, que no es real en absoluto, y darnos cuenta de que somos felices. Así de simple. Y vamos más allá: despertar es que nos dimos cuenta de que siempre hemos sido esto, la felicidad, incluso llegamos a experimentar el hecho de que despertar es una palabra redundante: la aflicción no es real, la felicidad auténtica siempre ha sido la realidad.
¿Muy abstracto? Vamos a aterrizarlo en una lista de valores y prácticas conducentes a esta felicidad auténtica, pero no sin antes aclarar tres cosas esenciales: primero, que todos somos uno, la dualidad, la distinción, la separación, la clasificación, el yo, la personalidad, la jerarquía, todo aquello que separa son ilusiones, realmente todos somos uno y el mismo; segundo, que la felicidad auténtica no es la satisfacción de los deseos del cuerpo o de la mente -el ego-, sino que se trata de algo total y absoluto: es siempre común -implica a TODOS- y es duradera, mientras más duradera más auténtica, hasta la eternidad -lo que vuelve al tiempo algo irrelevante también-; tercero, la realidad es la consciencia y la consciencia no tiene nada que ver con el cerebro, la mente ni las ideas, que son sólo meras herramientas que soltamos luego, la consciencia es ser feliz, y ser feliz es juntos, aun cuando parezca que estás solo en tu habitación.
3 Los valores-prácticas de la felicidad auténtica

Teniendo en cuenta que esto sólo se trata de una introducción, sólo voy a enlistar estos valores-prácticas y en entregas posteriores profundizaremos en ellos. Todos son la felicidad auténtica, todos juntos en uno.
- Disfrute, goce, ser feliz: sabiendo que la realidad es la felicidad auténtica, disfrutar, gozar, ser feliz es la realidad siempre mejorando, somos la realidad siempre mejorando, y esto, aun estando solo en tu habitación, es algo compartido siempre.
- Amor: Todos somos realmente uno, no estamos separados realmente, por lo que nunca estamos solos; esto implica que, aunque todo es cambio, no poseemos ni perdemos nada ni a nadie, nunca, y lo natural es amarnos a nosotros mismos tanto como amamos a los demás y viceversa, exactamente igual.
- Compasión: No es lástima. Se trata de saber que el otro soy yo y hacer siempre todo para que recuerde que el sufrimiento que cree padecer no es real, para ayudarlo, para aportar a su felicidad que es mi felicidad porque somos uno y el mismo. No llegas a ayudar desde una posición de superioridad, sino desde el amor.
- Servicio y solidaridad: La felicidad es compartida, por lo que la felicidad duradera, auténtica, es compartida, lo que nos lleva naturalmente a servir a los demás.
- Paz: La serenidad, la calma, la templanza, la paz es el primer paso para todo y es el estado natural del ser, necesitamos estar en paz, ser la paz, para funcionar, para crecer, para ser. Es nuestra naturaleza, la naturaleza, por la paz se comienza.
- Responsabilidad: Nadie es culpable y necesitamos hacernos cargo, en este camino que es esta vida, el asumir las causas, consecuencias y compromisos es algo ineludible: intenta evadir tu parte en la acción, en tu felicidad y la de otros, y verás que no puedes sostener la evasión, en algún momento te toca hacerte cargo. Hazlo ahora, no esperes.
- Integridad: Eres uno, somos uno, y actos de destrucción contra ti o contra otros no es natural, es como si te dieras un puñetazo en la cara a la mitad de tu boda.
- Coherencia: Conectando con la integridad, todos tus actos se conectan unos con otros, así como lo que piensas, lo que dices y lo que haces se conectan entre sí. Sabemos que somos la unidad, entonces lo que hacemos corresponde con lo que decimos y lo que pensamos, y nuestras acciones tiene sentido unas con otras. Al final de cuentas, todo es uno en la consciencia.
- Honestidad: Somos uno, no es natural mentir, manipular ni tener dobles intenciones.
- Humildad: Todos los seres somos exactamente lo mismo, nada, absolutamente NADA te hace superior ni siquiera por un momento.
- Disciplina ética: ser feliz y compartirlo cada vez más y mejor implica trabajo -no en el sentido capitalista de explotación, sino en el gozo de actuar para construir y ser juntos-, es un trabajo de todos los días, de toda la vida, y es súper disfrutable porque se es más y más feliz auténticamente. La constancia y la responsabilidad de tomar las decisiones están implicadas.
- Sabiduría: no tiene NADA que ver con saberes conceptuales ni técnicos, sino con la habilidad para ser más feliz, tomar decisiones conducentes a esto, ser ético y compartirlo para mejorar la vida de todos, pues somos uno y el mismo.
4 Sé consciente de las fuentes de la aflicción

La realidad no es material, la realidad es esta experiencia, más que compartida, unitaria que es la felicidad auténtica. Todas las formas que usamos en esta vida (cosas materiales, palabras, ideas, emociones, arte, etc.) son también una ilusión que, como mucho, pueden ser una herramienta, un instrumento, pero nada más.
Tomando esto en cuenta, las causas de la aflicción (enojo, tristeza, ansiedad, estrés, celos…) son 3:
- El apego: apegarte o depender de algo o de alguien, lo que sea, incluso una idea o emoción, te va a decepcionar porque todo eso cambia, se acaba, se agota, son cosas ilusorias y por lo tanto no son fuente de nada, no te dan felicidad.
- La aversión: rechazar algo, tenerle miedo, odiarlo, estar en contra de algo y rehuir de eso o atacarlo es absurdo, es un desperdicio, es no saber usar los instrumentos que usas, particularmente las ideas, las emociones, el tiempo y la energía, y sólo lleva al sinsentido de la rabia y la tristeza, que a su vez tampoco son reales. ¿Ves lo absurdo de la aversión?
- La ignorancia: otra vez, no se trata de la ausencia de conocimientos conceptuales o técnicos, sino de ignorar que somos felices auténticamente, que somos uno, que esto es la consciencia, y esa ignorancia es aun más absurda por el hecho de que en realidad todos sabemos la verdad, sólo hay que detenerse, respirar, abrazar(nos) y dejar ir porque nada se va realmente, nada de lo que es real se va.
5 Conclusión: medita

La primera práctica budista es la pacificación. ¿Cuánto le cuesta al humano promedio moderno el relajarse realmente? ¡Deja de pensar, deja de sentir cosas que no son reales! Por esto es tan importante meditar. Meditar no es sólo sentarse unos minutos al día y luego olvidarse y tropezarse con la misma piedra otra vez, como ocurre con muchas personas que sólo repiten palabras y a esto lo llaman “orar”, sino que es vivir conscientes, o sea en paz y felices, dándonos cuenta de lo que hacemos y mejorándolo con amor y compasión. Pero sí, se empieza con sentarnos unos minutos al día, preferentemente en la mañana y en la noche, a relajarnos, a pacificarnos.
Esto requiere trabajo y disciplina, pero también todo el amor, la paciencia y la compasión. La práctica de la relajación, de la pacificación, no implica obligarte a dejar de pensar y sentir, sino de transitar con amor, compasión y disciplina el camino del desapego, de dejar ir los pensamientos y las emociones, y para esto se ocupa la respiración como foco, a distancia observas imperturbablemente cómo tu cuerpo respira y poco a poco, con el paso de la práctica, ese cerebro se detiene, descansa, y te das cuenta de que no eres un cerebro, ideas ni emociones, todo eso es sólo una ilusión que tú usas cuando quieres. Pero como ya lo dije, esto suele ser un proceso y para esto necesitamos paciencia, amor, compasión, trabajo y disciplina. Amor, mucho amor por todo y todos.
No somos un cerebro, somos la consciencia, la felicidad auténtica. Por esto te das cuenta de lo delicado que es expresar la realidad con palabras, pues éstas no son reales, no son la realidad. Pero por algo se empieza, hacemos uso de las herramientas o instrumentos y los dejamos ir.
En la siguiente entrega vamos a hacer una introducción a la práctica de la meditación. Nos amo. ¡Hasta la próxima!
Por: Juan Mendoza



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