La esposa es una flor que debe aprenderse a acariciar sin tocarla.
Una flor cuya fragancia debe exaltarnos y no embriagarnos.

Una flor que se riega con las gotas destiladas del amor y no con el negro desperdicio de la pasión.

Mas debe valer al hombre aprender a unir su alma a la de la de su esposa que su carne y sus penas.

Donde florece el amor no entra la muerte.
Por: G Arturo Silva R


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