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—REVISTA DIGITAL—

EL DÍA DEL HOMBRE “EL SILENCIO DE ESTE DÍA”

El Día del Hombre pasa, casi siempre, como ese amigo callado que sí fue a la fiesta pero nadie notó. No hay grandes campañas, ni descuentos temáticos, ni oleadas de publicaciones emotivas inundando redes. Y, sin embargo, existe. Más que una fecha para celebrar “ser hombre”, es una oportunidad para reflexionar sobre lo que significa hoy habitar la masculinidad sin manual claro y con bastantes contradicciones.

Desde la psicología, el tema es interesante. Durante décadas, a los hombres se les enseñó a reprimir emociones, a ser fuertes, resolutivos, proveedores incansables. Luego, el péndulo cultural comenzó a moverse: ahora se cuestiona esa rigidez, lo cual es positivo. El problema aparece cuando, en lugar de integrar, se reemplaza. Es decir, cuando algunos hombres sienten que deben desconectarse por completo de su lado “masculino” para encajar en nuevas expectativas.

Pero aquí va algo importante: perder el lado masculino no es lo mismo que evolucionarlo. Rasgos como la determinación, la capacidad de proteger, el sentido de propósito o la resiliencia no son “tóxicos” por naturaleza. De hecho, psicológicamente son pilares que, bien canalizados, aportan estabilidad emocional y sentido de identidad. El conflicto surge cuando estos rasgos se caricaturizan o se reprimen por completo, generando hombres confundidos, inseguros o desconectados de sí mismos; algo que el feminismo radical busca a toda costa.

No, no es que de repente olvides cómo usar un taladro (aunque algunos sí lo agradecerían como excusa). Hablamos más bien de una sensación interna de vacío, dificultad para tomar decisiones, baja autoestima o incluso problemas en relaciones interpersonales. Cuando alguien no sabe quién es ni qué representa, cualquier viento lo mueve y no siempre hacia buen puerto.

Eso sí, tampoco se trata de regresar al estereotipo del “macho de película” que resuelve todo a golpes y nunca llora (spoiler: eso tampoco era muy saludable). La clave está en integrar: permitir la sensibilidad sin perder la firmeza, expresar emociones sin renunciar al carácter, ser empático sin dejar de tener dirección. Tal vez el Día del Hombre no necesite globos azules ni promociones 2×1. Quizá su verdadero valor está en abrir conversaciones incómodas pero necesarias. Porque al final, más que celebrar al hombre perfecto que no existe, se trata de entender al hombre

Por: Psi. Romano Sergio