A finales del siglo XVI y principio del XVII, llegaron a Puebla actores profesionales, se establecieron compañías y en general, la ciudad contaba con fondos económicos destinados para que el teatro se hiciera presente en varios acontecimientos. En 1600, la orden de los jesuitas festejó durante nueve días la terminación de su templo y colocación de reliquias traídas de Roma, por el padre Pedro de Morales, con procesiones, juegos de cañas y de sortija, los acostumbrados certámenes literarios, dos funciones dramáticas, una en jueves después de la misa de Nuestra Señora del Niño Dormido y otra en lunes, una danza y declamaciones. Las representaciones no podían faltar en las fiestas de Corpus Christi, por ejemplo, en la del 2 de mayo de 1603, los regidores Pedro Uribe y Melchor de Cuéllar contrataron, con fondos propios de la ciudad, a los empresarios Alonso Velázquez y Gonzalo de Riancho, les pagaron seiscientos cincuenta pesos oro para representar una farsa en la puerta de la catedral y se acordó instalar cuatro tablados, para el Cabildo, para los ciudadanos, las damas y los comediantes, respectivamente. Doce años después, la comedia se representó en un tablado levantado en la plaza pública y para la década de los veinte, las festividades de Corpus se volvieron a representar en la puerta de Catedral.
En 1613, el aficionado Juan Gómez Melgarejo, de oficio carpintero, improvisó un teatro en su casa para llevar a cabo una función, pero a falta de permisos se suspendió y el ayuntamiento lo amenazó con derribar la casa y cobrarle una multa de doscientos pesos. En cambio, algunos políticos y empresarios recibían apoyos y concesiones, como la licencia que le otorgó el virrey a Antonio Rodríguez y Juan Corral para trabajar durante los meses de julio y agosto de 1603, sin competencia de otras compañías, la licencia al regidor Juan de Narváez para fundar un corral de comedias y el permiso que ostentaba el regidor Felipe Ramírez como dueño de un teatro que se localizaba a una calle de la plaza pública. Es importante dar a conocer que de 1630 a 1632 aparecen tres compañías de actores o empresarios: Juan Antonio de Sigüenza, Hernando Ramos y una mujer, Ana María de los Ángeles. Además, dos datos a resaltar, uno, que para 1652 en el hospital de San Roque se representaban comedias dentro y fuera del inmueble y dos, que en 1687 se encontraban en la ciudad los famosos comediantes Bernardo Pérez, Juan de Dios y Francisco Rascón.
Ya hemos mencionado que las representaciones se llevaban a cabo en cualquier ocasión, pero un caso especial ocurrió 13 de mayo de 1644, día en que se acordó invitar al Obispo Juan de Palafox y Mendoza y su Cabildo Eclesiástico para presenciar dos comedias religiosas en estas fiestas, pero lejos de aceptar la cortesía, no permitió que se colocaran tablados en la puerta de la iglesia y no asistió. Ante esta situación, el 20 de mayo se reunieron los regidores para tomar una decisión acerca de suspender las representaciones o continuarlas, pero el resultado de la votación fue continuar con las costumbres. Posterior a la invitación, Palafox escribió una carta a los clérigos donde explica su opinión acerca de las comedias: son…la peste de la república, el fuego de la virtud, el cebo de la sensualidad, el tribunal del demonio, el consistorio del vicio, el seminario de los pecados más escandalosos, hijos de la idolatría y gentilicia ceguedad, que con todos estos títulos y otros más infames las definen los santos en sus tratados[1].
[1] Harvey L., Johnson, El primer siglo del Teatro en Puebla de los Ángeles y la oposición del Obispo don Juan de Palafox y Mendoza, [México]: Revista Iberoamericana, 1946.


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